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Un boquete en el cielo de Orión

Sean cuales sean tus sueños,keep walking...

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Cristina Calvo Pareja

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July 03

21.Aix-en-Provence

Aix-en-Provence

 

La mirada que le devolvió el espejo no era la suya. Observó aquellos ojos durante unos minutos sin saber que era aquello que de repente  los hacía tan distintos a como siempre habían sido. No fue capaz de descubrirlo... ¡Eran sus ojos, seguían siéndolo! No quiso darle más vueltas, al fin y al cabo iba a ser un día especial y nada ni nadie iba a echarlo a perder.

Se acercó a Anne , que todavía seguía dormida y la besó dulcemente en los labios.

  -Tengo que irme, volveré a tiempo, te lo prometo. Marie se queda contigo y estará atenta a todo lo que necesites.

  19 de enero de 1839. Un día que Louis-Auguste jamás olvidaría. No había conseguido el día libre así que, sin poder dejar de pensar en Anne y en lo que pronto sucedería, bajó la carretera en dirección a la cantera que se encontraba a las afueras de Aix. Le esperaba un duro día de trabajo pero a la vuelta...¡la emoción le embargaba con solo pensar en la vuelta!

  A mitad de trayecto comenzó a llover. Louis-Auguste no podía permitirse parar en busca de refugio, si lo hacía llegaría tarde y tendría que vérselas con el encargado de la cantera. Ahora más que nunca, no podía arriesgarse.

  La lluvia no duró más de cinco minutos. De repente aquella sensación volvió a aparecer. Louis-Auguste sentía algo extraño en su interior, no eran sus ojos los que le mostraban todo aquello. Todo lo que veía parecía pasar por un filtro que multiplicaba su belleza. Fue consciente de colores en los que jamás se había fijado  y la luz...¡era asombroso todos los matices que era capaz de distinguir ahora! Observó a su alrededor. Más de treinta años viviendo en la zona y jamás había sentido toda esa magia. El paisaje de la Provence, sus colinas y montañas, los campos centelleantes bajo el sol, los bosques fustigados por el Mistral, sus pueblecitos tendidos sobre las escarpadas laderas, los ríos, los estanques...¿cómo  no había sabido valorar  antes aquel tesoro?

  Extasiado por tanta belleza olvidó completamente que debía ir a trabajar, que Anne estaba en casa  a punto de dar a luz. Sus pies andaban solos, le guiaban, no tenía que pensar a donde iba y se dejo llevar. Se desvió del camino en dirección al estanque, al que no tardó en llegar. La verde pradera que se extendía a los lados parecía llamarle y Louis-Auguste no dudó en tumbarse sobre ella; en seguida se quedó dormido.

  Los sueños casi nunca se recuerdan pero el de esa mañana perdura intacto en la memoria de Louis-Auguste: un niño de cuatro años comenzaba sus primeros bocetos que más tarde regalaba a sus padres, ese mismo niño a los doce se empieza a interesar por la pintura, un joven comienza sus estudios en la Escuela de Dibujo...

Una vida entera pasó  por sus ojos...De repente despertó. Se acercó al estanque y volvió  a ver reflejados aquellos ojos. Seguía sin reconocerlos, nunca antes los había visto pero ahora consiguió ver fusionadas la mirada de Anne y la suya y lo comprendió todo. Miró el reloj...y salió corriendo a casa con la esperanza de llegar a tiempo.

  Al  entrar en la finca se encontró  a su hermana Marie despidiendo al  doctor Brémond. Nada más verle sonrieron, todo había  salido bien. 

  -Enhorabuena Louis, Anne y tú acabáis de tener un niño...¡Es precioso! Ya verás que ojos...

  Su hermana tenía razón...¡qué ojos!  Eran...¡aquellos ojos!

  -Aquí le tienes, Louis...He pensado que podríamos  llamarle Paul, como tu padre...¿qué te parece?

  -Paul...¿Como el Veronés o como Rubens? Tiene nombre de artista...y presiento que lo será y...¡ uno de los grandes! Inmortalizará los paisajes de la zona como nunca nadie lo ha...

  Anne no pudo contenerse y le calló con un apasionado beso.

-Me encanta que estés tan loco...

 

Y esto fue lo que  le contaron Anne y Louis-Auguste Cézanne a Paul el día que marchó a probar suerte a la lejana París...

 

 

 

June 26

20.Imaginaba que era un pirata...

 

 

Imaginaba que era un pirata cuando jugaba con su espada de madera. Practicaba día y noche; no necesitaba dormir. Vestía harapos, llevaba un parche fabricado con restos de tela y no disfrutaba de más compañía que la de un viejo cuervo negro que hacía las veces de loro. Se llamaba así mismo “El Capitán” y se consideraba un pirata sin mar. Vivía sólo en medio del campo.  

  Hasta hacía poco no sabía lo que era un pirata. Pero ahora lo era. Su antigua existencia se limitaba a una repetición de elementos sin sentido:noche y día, trigo y pájaros; invierno y verano; trigo y pájaros; trigo y pájaros...

  Sin sentido...

  Estaba condenado a una vida absurda que no entendía... hasta que...

  Fue una noche sin luna. Las estrellas brillaban con tal fuerza que mareaban. Debían  estar tramando algo. De repente una de ellas se cansó de estar quieta en el mismo sitio y se soltó... Cayó hasta perderse en el horizonte y no regresó. Poco a poco el resto hizo lo mismo. Podría haberse tratado de una lluvia de estrellas normal,  de las que se disfrutan todos los veranos. No lo fue...desaparecieron todas menos una que, cuando se quedó absolutamente sola en la oscuridad de la noche, con todo el cielo para ella, aumentó de tamaño hasta igualar el de la ausente luna.

  -Espantapájaros...

  Probó de nuevo:

  -¡Espantapájaros!

Todo lo sorprendido que podía estar un ser sin corazón...el espantapájaros subió la cabeza...

  -Vengo a traerte una ilusión, una razón para vivir. Simplemente dime lo que deseas...

  El espantapájaros no dijo nada.

  No sabía hablar, ni siquiera comprendia lo que le estaban diciendo.

  -¿No me contestas? Muy pocos tienen esta oportunidad, no la dejes pasar.

  Entonces la estrella comprendió...

  -No puedo conceder nada que no me hallan pedido, pero si darte algo que pidió otro... Tengo un deseo pendiente. Hace unos años  un niño deseó ser un pirata, iba a concederselo pero... El coche se salió de la carretera...no me dió tiempo...Ahora es tuyo.

 

 

 

June 18

19.La habitación del deseo

La habitación del deseo

 

  La habitación del deseo no debía andar muy lejos. Según las indicaciones que le había dado la joven de la recepción debía estar justo en el pasillo en el que se encontraba. Sin embargo, no le rodeaban más que paredes de terciopelo granate, telarañas y alguna que otra lámpara con forma de candelabro. Ni rastro de ninguna puerta.

 Muy lejos de allí, una niña rompía con ira todos sus juguetes que poco a poco se amontonaban por su enorme dormitorio. La pequeña princesita desplegaba de esta forma su antojadiza ira. Era su quinto cumpleaños y no había conseguido lo que quería, cosa a lo que no estaba acostumbrada. Su padre, que ahora intentaba calmarla, se lo había prometido y, aunque había movido cielo y tierra, no había podido conseguirlo.

  Siguió andando. La ocasión lo merecía. Si los rumores eran ciertos...sería el primero en llegar a la famosa habitación del deseo. No podía rendirse, tarde o temprano todos sus esfuerzos se verían recompensados y la encontraría. Estaba nervioso, su corazón todavía no se creía lo que estaba a punto de suceder.

  El rey estaba desesperado, ya no sabía que hacer. Había hecho llamar  a magos, cuentacuentos, malabaristas, enanos, bufones, dragones, hadas y toda clase de increíbles seres pero nada parecía ser lo suficiente bueno para la princesita. Ella quería SU regalo. El que le habían prometido. El berrinche de la pequeña rayaba ya el limite de lo soportable cuando...

  ¿Qué era esa luz? Después de horas y horas andando por aquel granate pasillo... ¡por fin parecía que había dado con ella! ¡La habitación del deseo! Una dulce música empezaba a oírse a lo lejos. A medida que se acercaba se podía distinguir de que se trataba: la bella melodía de un arpa. Esto pintaba bien...

  ¡Una carta! ¡Y con buenas noticias! ¡La princesita tendría lo que había pedido y el palacio volvería a recobrar su antigua tranquilidad! El rey no podía estar más contento... El regalo aun no estaba listo pero solo quedaba la última pieza, que estaba a punto de formar parte de aquella familia ya casi completa: una madre que tocaba el arpa, una pareja de abuelitos que descansaban en sus mecedoras, una niña rubia que hacía carantoñas a un bebe, un niño pecoso que jugaba con un gatito blanco...

 Nadie se había presentado voluntario por lo que habían tenido que engañar a unos cuantos infelices (al último con no se que de una habitación del deseo)

  El momento había llegado. Se encontraba frente a la puerta de la habitación del deseo, sin saber que no serían precisamente los suyos los que se iban a cumplir. Se sentía sin duda el hombre más feliz de la Tierra...Aquella dulce música le llamaba...giró el pomo...dio unos pasos...y...

 ...se completó el regalo de la princesa: una casita de muñecas de personas de verdad. Diminutas personas de verdad...que serían pequeños muñecos por el resto de sus días.

 

kloverkirov's photo from 06/19/07

 

June 11

...

 
 

El gatito correteó juguetón entre sus piernas. Como cada noche desde hacía ya un mes, así era como despertaba Laura. Solo le bastaba el suave y casi imperceptible tacto del pelaje de aquel gato negro sobre sus muslos para volver al mundo real. No sabía de donde había salido. Aparecía y punto. A la misma hora, todas y cada una de las últimas 31 noches un gato negro como el carbón aparecía de entre sus sábanas.

  Laura vivía sola en un décimo piso. Sin gato. De hecho les tenía un miedo inexplicable, quizá por un trauma infantil. Cada vez que se topaba con uno de estos animales, sentía como si tuviera delante al mismisimo demonio. Hasta que de la nada apareció este gato. Laura no se explicaba lo que estaba sucediendo...pero cada vez que aparecía ese miedo se borraba y sentía unas infrenables ganas de abrazarlo, mimarlo, acariciarlo...

  Había empezado a tomarse todo aquello como un sueño. Debía serlo, ya que no tenía ningun control sobre los hechos. Siempre se repetía lo mismo, al detalle: el gato llegaba, jugueteaba entre sus piernas desnudas, ella lo cogía y se quedaba diez minutos acariciándolo sobre su regazo. Transcurridos esos diez minutos Laura siempre se volvía a dormir y al despertar no había ni rastro del gato. Había intentado aguantar más allá de los diez minutos pero...simplemente era imposible. Llegado el momento una fuerza inexplicable hacía que cerrase los ojos.

  También había intentado levantarse de la cama para traerle algo de comer o simplemente cogerlo antes de tiempo o de alguna otra manera. No podía.Parecía una marioneta...todo ocurría exactamente igual a la noche anterior.

  Como cada noche, el gato llegó. Jugó. Fue acariciado...y quitándose de un plumazo aquel disfraz de dulce y adorable bolita de peluche...mientras Laura disfrutaba sin temor de sus últimos minutos antes de caer rendida como cada noche...y con un movimiento ágil y traicionero...le arrancó el corazón.

 
 
 
 

 
 
 
 
 
June 04

17.Xemelgas

 

Xemelgas

 

 "Yo soy tu padre”. Así comenzaba la carta que aquel día había recibido Katia. En el remite: una dirección  italiana.

Katia ya sabía que su madre había tenido otra relación durante el noviazgo con el que, hasta ahora, se suponía que era su padre e incluso había llegado a sospechar algo parecido a lo que le contaban en aquella carta, pero nunca hubiera imaginado que la historia llegara a esos límites.

Su madre había vivido en Roma una temporada y allí se enamoró de Marco, un periodista italiano del que se quedó embarazada. Pasados unos meses, ella regresó a España y aunque fue un sacrificio para ambos decidieron que lo mejor sería dejarlo. Ella se casó con Jose, su novio de toda la vida, y meses después nació Katia. Su madre y Marco nunca perdieron la amistad y decidieron que llegado el momento le contarían a su hija toda la verdad. El momento había llegado, Marco le contaba todo esto y lo mucho que había sufrido por no haber podido decir nada hasta ahora. Dentro del sobre también le enviaba un billete de avión a Roma. Katia estaba feliz y muy ilusionada, con muchas ganas de conocer todo lo que la esperaba en Italia, sin embargo, a la vez y sin ninguna razón aparente sentía una enorme tristeza.

Necesitaba contárselo a alguien. Encendió el ordenador y tecleó una contraseña. En pocos segundos estaría en aquella página que en solo cinco meses le había traído tantas alegrías. En ese momento, el móvil empezó a sonar. Su amigo Carlos la estaba llamando.

-¡Hula Katia!
-¡Anda! ¡Hola gaviotooo! ¿Qué tal andas? Esta semana no te he leido…¿Qué ha pasado?
-Ni idea, supongo que Inspi se habrá fugado con tropotorpo pero volverá pronto, ya lo verás…y tu…¿qué tal por Madrid? Killaaa…¡Qué se te ve muy contenta!
-Siiii….¡lo estoy! ¡Y muchooo! Justo ahora me estaba conectando para contaroslo…Buah…no sé como empezar…¿Te acuerdas de lo que te conté sobre mi madre? Pues he recibido una carta….añadió nerviosa y le contó toda la historia. Al terminar de hablar con Carlos se fue a la cama, feliz, muy feliz…pero con ese extraño sentimiento de tristeza golpeándole.

Por mucho que hubiera cambiado su vida, las obligaciones seguían allí esperándola así que se preparó para ir a clase. Llegó un poco tarde, pidió lo que se había perdido a una compañera y se puso a copiar. Mientras el profesor explicaba no se que del hueso mastoides. Estaba a punto de terminar con el último párrafo cuando sintió un mareo. Cerró los ojos unos segundos y al abrirlos…al abrirlos…¡estaba sentada en una especie de mostrador de cristal! De la nada había aparecido  un niño pecoso que no paraba de disparar preguntas sin sentido:

-¿Podrías decirme cuanto cuesta la Playstation 3? ¿Y el nuevo juego de Lara Croft? ¿Y sabes si va a salir algún pack de la Play 3 con el Tomb Raider?

-No he entendido una palabra de lo que me has dicho, chaval…ni siquiera sé que estoy haciendo aquí...mmmm…¿porqué no vuelves un poco más tarde? Seguro que habrá alguien que te pueda explicar…o qué  me cuente a mi lo que está pasando…

El chaval la miró con cara de pocos amigos…pero no supo más porque en seguida estaba otra vez en clase, con el folio casi vacío y el profesor a punto de irse:

-Acordaros de traer el trabajo antes del examen por favor. Sin el trabajo no os lo corrijo…

No le dio mucha importancia, se habría quedado dormida. Como hoy era martes se conectó en uno de los ordenadores de la sala de informática de la facultad en busca de la frase de la semana.  Allí la esperaba un precioso relato del SdH…Comenzó a leer…De repente escuchó una voz muy dulce. No sabía de donde provenía pero estaba claro que había entendido bien. “yo soy tu padre”. ¿Alquien le estaba gastando una broma? ¿Se estaba volviendo loca? Miró a los lados, llevaba un buen rato sola en la sala...


Respiró, lo achacó a los nervios y se metió en el foro. Para tranquilizarse se puso el mp3…no había nadie así que no pasaba nada si se ponía a cantar algo… Un, dos, tres, cierro los ojos esperando que al abrirlos ya no estés… Un, dos, tres, te has marchado y lo logré no te besé…

Al rato recibió un mensaje personal de una tal Nadia...El nombre no le sonaba de nada…pero nada mas verlo aquella extraña sensación de tristeza había vuelto a aparecer...

  Nerviosa, sin comprender muy bien que estaba sucediendo respondió al mensaje.

  No creo que estés loca, en todo caso lo estariamos las dos. Todo eso que nombras tiene que ver conmigo...no se como pero estamos conectadas. ¿Trabajas en una tienda de videojuegos?Hace un rato he aparecido alli... parecía un sueño...pero era muy real....y hace un rato he escuchado como una voz me decia una frase que tiene mucho significado para mi....”yo soy tu padre”. Espero tu respuesta...porque esto no hay quien lo entienda...

  Nuevo mensaje: Nadia tiene intención de ir a Madrid esta semana y quiere quedar...

  A Katia le parece buena idea, estas cosas es mejor hablarlas en persona y ya que ella viene a Madrid  pues habría que aprovechar. Responde a su mensaje...pero Nadia ya no está conectada.Pasan los días y Katia no recibe respuesta.

  Tenía que hablar con aquella chica como fuese...pero no se conectaba...Le mandó unos cuantos mensajes más...pero seguía sin dar señales de vida. Fue entonces cuando volvió a oir una voz:”Nos vemos en el km.0”

 Estuvo tres días pensando que tenía que ir al km.0...Una mañana se despertó y  empujada por una fuerza extraña cogió el metro hasta Sol. Sentia que tenía que estar allí ese día, a esa hora concreta y que allí iba a encontrar a Nadia. Y no se equivocaba. Ella la estaba esperando. La reconoció al instante. Se miraron y fue como si siempre se hubieran conocido. Sentía que podía confiar en aquella chica con los ojos cerrados. Sentía que fuese su  alma gemela. Esa persona con la que sin tener parentesco, compartía la mayor parte de sus emociones y pensamientos…

 

    -¿Katia la “Zarina”?

    -¿Nadia la “Meiga”?

  Se abrazaron y comenzaron a reírse… Estaba claro que el destino deseaba tenerlas juntas, pero esa es otra historia que os contaré algún día…

 

 

 
 
 
 
Si quereis darle la vuelta a la historia no dudeis en visitar a mi xemelguita Nadia  que sino todo queda incompleto. Creo que nunca he dedicado uno de mis cuentos pero siempre hay una primera vez como se suele decir...¿y quien mejor que Niobiña "mi alma gemela cuentacuentil"? ¿Qué decirte que no sepas ya? Que ha sido un placer escribir contigo (bajo la tutela del virus del porno jeje) y que te he cogido mogollon  de cariño. ¡Eres un cielazo de persona! Y claro...es imposible no quererte....y asi estaría horas pero no es plan así que un besazo enorme y otro para el resto de Cuentacuentos...
 
 
May 22

16.II

 II

  -Te conozco demasiado bien –una voz ronca apareció casi de la nada, rompiendo el silencio de la habitación. Hasta ese momento Gonzalo dormía abrazado a su almohada. Los primeros rayos de luz jugueteaban en el cristal. Era muy temprano: acababa de amanecer.

-Te conozco demasiado bien y sé que no serás capaz de hacerlo.

  Sentado en la silla del ordenador el dueño de aquella voz le miraba burlonamente.

  -Ya lo sé, prefieres ignorarme...Pero no podrás llegar a ninguna parte con esa chica.

  Gonzalo se hacía el dormido, procurando no moverse.  No tenía miedo, ya estaba acostumbrado a sus visitas y no le tomaba muy en serio.

  -Todo se torcerá, como siempre. Da igual lo que hagas para impedirlo. Te saldrá mal. –soltó como sí tal cosa aquel personaje mientras con todo descaro cotilleaba la ropa que Gonzalo tenía preparada para mañana- Me gusta tu estilo, chaval. Que pena que no vayas a poder salir con...¿cómo se llamaba?

  Gonzalo comenzaba a enfadarse, pero seguía evitandole. La experiencia le había enseñado que con él era mejor no entrar al trapo.

  -¡Natalia! ¡Eso! Se llama Natalia...Mira que no acordarme...Bueno, vete haciendo a la idea. Las cosas con Natalia no saldrán como tú esperás. De eso ya me encargaré yo...

  Gonzalo no podía más. Aquel ser se había dedicado a arruinar constantemente su vida...no le había dejado actuar como hubiera querido. Siempre se entrometía. Esta vez no iba a suceder. No con Natalia. No con lo que más quería en el mundo. Había perdido amigos, empleos, muchas oportunidades pero no perdería a Natalia.

  Furioso, se levantó de la cama de un salto y le propinó un puñetazo en toda la nariz. El extraño cayó al suelo sangrando, pero no tardó en recuperarse.

  -No deberías haber hecho eso. Lo peor que puedes hacer es luchar contigo mismo. Y menos contra tu parte poderosa.

  Gonzalo no pudo reaccionar. Su doble demostró que, sin duda, era el más fuerte.Tras la paliza que recibió quedó inconsciente.

  El otro Gonzalo cogió el cuerpo y de una forma fría, sin rastro del más mínimo sentimiento, metió al verdadero en la cama.

  -Eres débil, compañero, pero te recuperarás. O más me vale...sin ti yo no existiría. Llega el momento de actuar. Todavía no sé lo que le sucederá a la encantadora Natalia, pero te aseguro que tras este ejemplar comportamiento tuyo...nada bueno. Pierdo el tiempo, ni siquiera me oyes...

  Acto seguido se pusó la camiseta y los vaqueros que Gonzalo había dejado preparados en la silla. Era idéntico a él. Como dos gotas de agua. Natalia no notaría la diferencia. Cogió el móvil de Gonzalo, marcó...

  -¡Hola Natalia! Si, soy yo. Ahora mismo llegó...

 

 
 
May 18

Quedada

 
(breve)Cronica palaciega de 9(+2) cuentacuentos y un sofa
 
De cuentacuentos, de sofases, de niños tras radiadores, morcillas cerveceras,radio-cassetes enamoradizos, cochinillos en el horno y mucha magia...Y es que esta quedada (incluso teniendo en cuenta mi memoria pececil) va a tardar en irse de mi cabecita. Desde el primer momento (encontrarme a Brian como si tal cosa) hasta la despedida de la risueña Gloria, todo...se queda grabadito...(y eso que me quede frita -mis energias volaron al pais de los sueños sin avisar- a mitad de trivial...como era? fusiforme?)
 
Canciones entonadas a nuestro genuino modo, chistes buenos y malos de Aaron, batidos traviesos, perdidas por la autopista, tabasco en mas de una pizza, ranitas, cumpleaños, globos, sorpresa beleitica, chapitas, historias de miedo, intentos de meter miedo -muy bien conseguidos-, barbacoa,cuentos, muchos cuentos y sobre todo diez personitas adorables a las que darles las gracias. A los presentes: Aaron, Pistachita, Brian, Larisavel, Jara, Wannea, Niña Vudú y Beleita...y a dos que, aunque por redes telefonicas, estuvieron muy muy presentes:Niobiña y Ninivé.
 
 
 
 
May 08

15.Verdirrojo

 

Verdirrojo

 

-Hola, ¿bailas conmigo?

  Las cinco y cuarto de la tarde, un lunes cualquiera de una semana cualquiera. Un violinista toca en la Plaza de Cibeles, a metro y medio de una de las bocas de metro de Banco de España, la más cercana al Paseo de Recoletos.

-¿Me oyes? Te estoy hablando a ti...la de rojo.

  -Si, ya te había oído. No sabía muy bien como reaccionar.

  -Siempre había querido hablarte.

  -He estado esperando a que lo hicieses mucho tiempo.

  -¿Y por que no lo hiciste tú?

  -No es mi estilo, ya sabes tengo fama de...bueno ya sabes lo que dicen de mi.

  -No, no lo sé. ¿Qué dicen?

  -Ya sabes, me llaman borde, cortante, estricta...y ni siquiera me conocen. De hecho, muy poca gente sabe que tras este corte de pelo y estas vestimentas tan masculinas se esconde una mujer...Pocos me toman en serio. Tienen prisa, no sé. Ya he causado demasiados accidentes...

  -Ninguno es culpa tuya. La gente es muy incauta...Simplemente haces tu trabajo. No sé...A mi me pareces encantadora.

  -Gracias por intentar animarme...De encantadora no tengo mucho.  Aunque...bueno...todavía no entiendo porque...ahora, después de tantos años compartiendo esquina...decides fijarte en mi... Nunca lo habías hecho...

  -Eso no es cierto. No puedo dejar de observarte. Todos los días. Tanto que me estoy volviendo loco. Esta dichosa timidez mía...no me ha dejado acercarme a ti.

  - Yo también te he observado... Siempre me has gustado...aunque yo no soy la única: la gente te adora ¿sabes? Todo el mundo espera impaciente tu aparición. Seguro que alguna de las cientos de chicas que pasan por aquí a menudo te habrá hecho tilín. Además me contaron lo tuyo con...

 

 

-No, no... solo fue un desliz. Ella era demasiado mayor para mi y también demasiado famosa. Solo nos veíamos por la noche, cuando toda aquella oleada de fotos cesaba. Por otra parte, aquellas dos matas de pelo celosas no nos dejaban darle al tema cómodamente. La deje cuando me entere...digamos que me engaño con uno de esos energúmenos merengues.

  -Cuanto lo siento. Hacías buena pareja.

  -Que va, ella es una diosa, yo un simple muñecote. Lo olvidé hace mucho. Insisto...¿bailas conmigo?

 
 
Inexplicablemente aquel semáforo no volvió a funcionar jamás. Fíjate bien la próxima vez que acabes por allí, porque en cualquier esquina te puedes encontrar a una diminuta pareja de enamorados verde y roja, bailando al compás de un violín.
 
 
 

 

 

                                          

                                                     

Gracias a Mj por la información. Resulta que en Berlín existen unos semaforos cuyos muñequitos llevan sombrero...(foto de la derecha) Pero solo lo llevan aquellos de la zona oriental de la ciudad. Tras la caida del Muro de Berlín se eliminó todo aquello que recordaba al antiguo régimen...todo menos estos semáforos, simbolo del Berlín más pobre...

 

 

May 06

14. Metamorfosis

 

 Metamorfosis

 El título de aquel libro llamo poderosamente mi atención. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y mi memoria, que ya no es lo que era, se asemeja más a un suelo encerado –donde nada se salva de resbalar- que a una red de eficientes y colaboradoras neuronas. De todas formas y a pesar de los largos años pasados, me veo con la suficiente fuerza como para intentar contaros la historia de cómo un caprichoso libro logró capturarme.

 Los libros, como las personas, saben desplegar con maestría los engaños más pérfidos y sutiles con tal de salirse con la suya. Por aquel entonces desconocía tal afirmación. Recuerdo que apareció por primera vez una mañana de abril. Como casi siempre,  me encontraba en el estudio rodeado de mis libros, todos conocidos y queridos. Todos menos uno. No tardé demasiado en darme cuenta, sus tapas verdes brillaban con un aire de superioridad: entre los miles y miles de ejemplares de mi adorada biblioteca había un intruso. El título fue lo que más me extrañó: mi nombre en letras doradas.

 Mi nieta vino a buscarme: Abuelo, ya es la hora de cenar. Ven conmigo que te ayudo a bajar las escaleras. ¿Te encuentras bien? Tienes mala cara.  Pues claro que me encontraba bien, solo estaba un poco sorprendido. Deje el libro en una esquina, ya le echaría un vistazo más tarde.

 Cuando aquella noche volví a la biblioteca ya no estaba. Pensé que sería la edad, que me lo habría imaginado; los meses pasaron y poco a poco me fui olvidando de aquel extraño libro.

 

 

 Pasé el verano rodeado de libros. En casa parecían estar preocupados, decían que me veían muy cambiado, pero nunca descubrí a que se referían. En octubre mi nieta comenzó su primer año en la universidad, y octubre fue el terrible mes en que me convertí en lo que ahora soy. El libro aprovechó una noche cualquiera para reaparecer, me esperaba sobre la cama. Esta vez no le iba a dejar escapar. Me metí en la cama y comencé a leer...

 Cuentos. El misterioso libro estaba plagado de cuentos de todas las clases. Todos maravillosos. No había forma de parar de leer: el libro me había hipnotizado; pasaban las horas, los días pero era incapaz de soltarlo. Cada cuento era mejor que el anterior, lo que parecería imposible cuando llevas leídos cientos de cuentos de extraordinaria calidad. Si alguno de mis hijos había subido a ver si estaba bien no me había dado cuenta. El libro parecía no tener fin. No sé cuanto tiempo pasó, quizá semanas, cuando...

 Doctor: tenemos miedo. Nuestro padre lleva más de dos semanas sin comer, tampoco duerme. Lo único que hace es leer ese extraño libro. Al principio creíamos que se trataba de alguna clase de broma pero no reacciona ni al más desesperado de nuestros gritos.  Le intentamos mover de la cama, zarandear para que reaccione pero no conseguimos nada. Mi padre no pesa más de 80 kilos pero de repente es como si pesara quinientas toneladas.  Su cuerpo está paralizado y frío. No está  muerto, sus ojos se siguen moviendo al compás de las líneas que va leyendo. Lo que más nos asusta es esa gran sonrisa...¡se ha vuelto loco, doctor!

 El libro se quedó totalmente en blanco. Sus páginas comenzaron a quemar y tuve que soltarlo de un respingo. “Ya me has manoseado bastante, Mauricio. Has buceado impunemente por mis secretos y mis cuentos; te tengo enganchado a ellos. Puedo hacer contigo lo que me plazca. Y no dudes que lo haré...”

 Como si mi corazón fuese un imán y él cualquier clase de metal, aquel libro se pegó a mi pecho y comenzó a absorber.

 Encerrado entre tapas verdes y letras doradas, espero algún tipo de pellizco que me despierte de esta surrealista pesadilla. Desde la más alta de mis estanterías contempló horrorizado como mis hijos han enfermado de locura. 

 

Más y mejores historias en www.elcuentacuentos.com

April 09

13.Erase una vez...

 

  Erase una vez una palabra que se escapó de una canción. Cuentan que ocurrió una noche de San Juan, en un pueblo costero cercano a la frontera. El nombre de aquel lugar ya nadie lo recuerda; quizá es el miedo lo que nubla la memoria. 

Arropados por el calor y la luz de decenas de hogueras desperdigadas por la playa, el pueblo entero celebraba un año más la llegada del verano. La música y el vino eran los reyes absolutos de la noche.  La gente bailaba extasiada alrededor de la hoguera central. Bebían y reían como locos.  Todos los años el alcalde contrataba al mismo grupo de músicos, pero este año no sería como los demás.

  La palabra sabía que esa noche tocarían la canción y estaba decidida a huir de ella. Aprovecharía la oscuridad de la noche. Sabía que, sino le ponía remedio,  estaba condenada a quedarse en aquella canción para siempre. También conocía las consecuencias que sus actos tendrían sobre aquellas gentes pero a pesar de todo estaba dispuesta a intentarlo. 

 Uno de los músicos, el más alto y moreno, hizó un gesto para que el resto dejara de tocar. La gente comprendió que había llegado el momento de parar de bailar y sentarse a escuchar. Una guitarra española comenzó a sonar y con ella la  dulce y mágica voz de aquel hombre. Canción tras canción se iba metiendo a aquellas gentes en el bolsillo. Era el momento, la palabra debía huir...

  El cielo se llenó de nubes negras. Comenzó a llover. Las hogueras se apagarón.  De repente el cantante se paró en seco a mitad de canción. Su cara se quedó blanca y sin ninguna expresión. Los brazos cayeron inertes y con ella la guitarra que segundos antes tocaban sus vivos dedos. La nuca de aquel hombre cayó hacia atrás, de tal forma que su garganta se colocó en un perfecto eje vertical. Acto seguido su boca se abrió y de ella comenzó a salir un hilo de humo blanco. La palabra estaba huyendo pero para ello debía dejarse oir por última vez. Un horrible sonido salió de las profundidades de aquella garganta. Poco después se escuchó una palabra a voz en grito. Nadie supo jamás de que palabra se trataba porque tanto el cantante que la pronunció por última vez como todo aquel que se encontrará en la playa murió en el acto. La palabra por fin era libre. A veces algun incauto la pronuncía pero corre la misma suerte que los presentes aquella noche de San Juan.

 

March 31

12. Desafio a las Moiras

Desafio a las Moiras 
 
Y allí estaba, entre mis manos temblorosas. No era más que un dado diminuto. Un dado negro, blanco y diminuto. Brillaba, seguramente sería de marfil o de algún otro exótico material. Miré a mi alrededor: se respiraba una burlona y sarcástica paz, allí siempre era de noche. El cielo se había teñido de morado y sobre él flotaban malhumoradas nubes grises. Las estrellas parecían estar riéndose de mí.

  Mi frente se inundaba poco a poco de sudor frío y pegajoso. No podía despegar la vista de mis manos, aquel horrible objeto me estaba hipnotizando. Ninguna de las tres dejaba de mirarme, mostrándome muecas que en lejanos momentos de juventud habrían sido frías sonrisas. Disfrutaban viendo sufrir a primerizos como yo.

  Sonia había decidido ir al examen. No tenía ninguna gana de que ese raro dolor de cabeza le llevara directita a septiembre; su esfuerzo le había costado llegar a aprobar lo que llevaba de carrera como para no presentarse ahora. Se había estudiado todo de pe a pa, la microbiología siempre le había encantado e iba dispuesta a bordar el examen.

Andando hacía el aparcamiento volvió a notar aquellas extrañas punzadas en la cabeza. Tuvo que parar porque el dolor se había contagiado de una forma misteriosa a sus piernas, que se negaban a seguir caminando. “¡Vamos estúpidas!¿Qué os pasa? ¡No me hagáis esto ahora!”. Falsa alarma. “Los nervios me están jugando una mala pasada” pensó.

  Sobrevolábamos la ciudad en una especie de masa informe, de la cual solo sabría describir la textura: muy rugosa e incómoda, como la de un saco de patatas. No parecíamos tener prisa, las tres viejas parecían disfrutar del ritual. ¿Cómo podían divertirse ante semejante atrocidad?

   -¿Tienes las tijeras a mano, hermanita?

-Resplandecientes y dispuestas a trabajar.

-Perfecto. El crío, mírale. ¿No te entra la risa?

-No hay mejor noche que la que pasamos con un primerizo, sin duda.

  Dos de ellas cuchicheaban mientras la tercera, totalmente ciega y con los ojos vendados intentaba encontrar algo palpando con sus agrietadas manos, hasta que dió con un ovillo de hilo dorado que inmediatamente pasó a sus hermanas.

  Al llegar al aparcamiento Sonia ya se encontraba mejor. Ahora solo tenía que coger la autvía y en veinte escasos minutos llegaría a la facultad. Al acercarse al coche frunció el ceño: alguien se había dedicado a llenarle el parabrisas de publicidad, y no solo se había conformado con un par de panfletos...la luna del coche estaba tan llena que no se veía nada a través de ella. Aunque tenía prisa Sonia no pudo evitar observar con más detenimiento aquellos papeles, en todos ponía lo mismo: "Descanse en paz".

  Lo reconozco, soy un asesino. No me arrepiento de lo que hice, a pesar de tener que pagar por ello de esta horrible manera. En cierta medida me merezco lo que me está sucediendo. Aquella noche mi padre volvió extremadamente borracho. Sin ninguna razón agarró a mi madre por el cuello y la molió a golpes en medio del pasillo. La dejó ahí, tirada. Años y años de maltrato pesaban sobre la débil alma de mi madre que murió aquella noche en el hospital. Mi padre ni siquiera se enteró: dormía plácidamente con las venas  rebosantes de alcohol. Regresé a casa, envenenado por la fatídica noticia que me acababan de anunciar. Abrí la puerta del dormitorio. Puñalada al corazón. Mi padre murió como un cerdo en una matanza.

  Meses después sufrí un grave accidente de tráfico. El tribunal me esperaba.

Ahora mismo podría estar pudriéndome en el infierno pero, dadas las circunstancias del caso y mi juventud, decidieron bajarme la condena. Y allí estaba, ayudando a un trío de viejas locas en su tétrico trabajo. Cortar el hilo de la vida. Yo era el encargado del dado  y aquella era mi primera noche.

  ¿Qué significaba todo aquello? Podría haberse tratado del anuncio de una nueva marca de colchones pero no, en todos aquellos panfletos simplemente aparecía un grande y rojo "Descanse en paz", nada de nombres de empresas, ninguna firma. ¿Quién se habría dedicado a gastarle semejante broma? Se acercó al resto de los coches del aparcamiento; nada. Sin duda el mejor adjetivo para describir todo aquello era "macabro".

  -Todo está listo chico. Lanza el dado.

  No. No podía, no quería matar a Sonia. Su suerte dependía del dado, de mí y de mi temblorosa mano.

  -Hazlo de una vez, chico. Es su destino, la muerte es sabia.

  ¿La muerte es sabia? ¡Qué ridiculez! ¿Por qué tenía que morir aquella chica? ¿Por qué unas viejas caprichosas lo hubieran decidido?

  Miró al reloj. Si quería llegar a tiempo tenía que olvidarse de todo aquello. Malhumorada se deshizo de los papeles, que se desperdigaron por el suelo del aparcamiento.

Nada más entrar en la autovía el viento comenzó a soplar con mucha fuerza. “Estamos a mediados de junio, ¿qué narices le pasara al tiempo?”La carretera estaba desierta, eran las nueve de la mañana y a Sonia le extraño ser la única conductora, normalmente hasta pillaba algún atasco. Cambió de marcha y al hacerlo se observó el brazo. Por la muñeca corría una densa gotita de sangre. Sonia se asustó. Se remangó la camisa y descubrió, petrificada, una herida en su antebrazo. Sobre su blanca piel resplandecía un rojo mensaje: “diez minutos”.

  -En diez minutos esto tiene que estar listo, chico. ¿Se puede saber que te pasa? Tu cometido es de lo más simple...

Aquel dado iba a decidir la muerte de Sonia. Y yo sería su verdugo. Asesiné a mi padre pero...

  Aquel extraño dolor de cabeza volvió a aparecer. El viento soplaba con más fuerza y Sonia notaba que la estabilidad del vehiculo ya no dependía de ella, que se encontraba cada vez peor. Sonia juraría que se había desecho de todos aquellos papeles pero uno de ellos se sujetaba desafiante al parabrisas: “Descanse en paz”.

  El dolor de cabeza se acrecentó, sentía como si fuera a perder el conocimiento. Una enorme rafaga de viento sacudió el coche, que en cualquier momento acabaría saliéndose de la carretera. Volvió a suceder lo de antes: Sonia perdió la movilidad de las piernas. Era como si su cuerpo se estuviera rebelando.

  Rebelión...Los nervios dejaron paso a unos pequeños rayos de lucidez y la palabra apareció en su mente. Una sonrisa decidida y cómplice envolvió sus labios. El tribunal le condenaría, probablemente ardería en el infierno toda la eternidad. Asesino sí, pero no de inocentes. Solo se le ocurría una cosa...Con una de las manos que antes lo sostenía temblando, se acercó el dado a la boca y sin pensarlo dos veces se lo tragó.

  El papel desapareció del parabrisas y el viento se marchó con la misma rapidez con la que había llegado, dejando paso a un sol resplandeciente. De las entradas a la autovia comenzaron a llegar cada vez más coches. El mareo de Sonia se esfumó, comprobando al pisar el embrague con éxito que sus piernas volvían a ser las de antes. Bajo su camisa no había ni rastro de la herida ni del mensaje escrito con sangre.

  Una vez sentada comprobó que todo estaba en orden: DNI sobre la mesa, lápiz, goma y el exámen tipo test de microbiología. A la derecha: un dado blanco y negro, muy pequeño y brillante. En el encabezado del examen y con tinta roja: “Descansa en paz: no era el momento”.

 

 

El relato está inspirado en las diosas del destino (las Moiras griegas o Parcas romanas): encargadas de regular la vida de los seres humanos desde el nacimiento hasta la muerte. Eran tres y cada una tenía una tarea diferente: Láquesis hilaba el hilo de la vida, Cloto lo devanaba y Atropo, considerada "La Parca" por antonomasia, lo cortaba. Yo he añadido el dado de márfil y a su rebelde encargado.

Imágen: "Las Parcas (Atropo)" de Goya. Una de las pinturas negras, realizadas en los muros de la casa de campo que el pintor adquirió después de la guerra con los franceses y bautizada como "La quinta del sordo" por los madrileños de la época, debido a la enfermedad del artista.

Algo he aprendido en mis clases de arte, ¿no? Cuando estes en Madrid Alex nos podemos pasar por el Prado y te enseñamos todo lo que quieras de Goya y más.

 

March 26

11.Buenos días, princesa

 
Buenos días, princesa
 
 
Una enorme sonrisa asomó a sus labios al comprobar que Alice ya había llegado a la cafetería. En un pueblo tan tranquilo y con tan poco alboroto era dificil que ocurriese algo parecido. Pero estaba sucediendo y aunque María podría  haber decidido no seguir el juego, algo le decía que era mejor así y que no se arrepentiría. Aquella historia la tenía totalmente enganchada.
 
En la ciudad hubiera sido diferente; llevaba cinco largos años trabajando de camarera en un antro de Chicago donde podía pasar casi cualquier cosa, la mayoría de las veces peligrosa. Había decido dejarlo para mudarse a la costa este, estaba harta de robos, redadas policiales, lios con drogas, violaciones y asesinatos. Su antigua cafetería tenía el dudoso honor de acoger a lo peor entre la mala hierba del distrito. Como camarera había tenido que aguantar diariamente una cantidad bochornosa de insinuaciones sexuales de todo tipo y pésimo gusto, piropos poco merecedores de tal calificativo e incluso verdaderas situaciones de acoso por parte de clientes de caracter salido o perturbado, borrachos, viejos verdes, ex-presidiarios y calaña similar. Se podía afirmar que tenía nula suerte con los hombres, si es que a tales individuos se les podía llamar así.
 
-Buenos días, Alice -canturreó María- ¿alguna novedad?
-Sabes de sobra que todos los lunes las hay -contestó ella con una sonrisa tirando a cómplice- aquí tienes la de hoy.
 
No llevaba más de dos meses trabajando en Bogart´s cuando Alice le dió la primera notita.
-Esta mañana vino un hombre con sombrero y me dió esto para ti, dijo que era urgente.
 
Se sorprendió al encontrar en ella un relato de W.Milles, sus escritor favorito y una nota al dorso con las siguientes palabras:
 
María, no tengo la suerte de escribir tan bien como este hombre pero espero al menos haberte hecho sonreir. "No te fíes de desconocidos" te habrá repetido tu madre de pequeña. pero seguro que no te diría nada de desconocidos tan majos e inofensivos como yo. Dame una pequeña oportunidad, no seas mala. Te propongo un juego. Si tienes curiosidad y quieres que te siga escribiendo pasate dentro de un rato por la playa. Notaré tu presencia.
Las mitades son peligrosamente solitarias hasta que se encuentran.
 
 
Nunca había tenido un "admirador", lo más parecido que recordaba escupía en el suelo, se rascaba la entrepierna y la llamaba "bomboncito" mirandole el escote. En definitiva, siempre había asociado la palabra "hombre" con la de "energumeno". No podía evitar que le hiciese ilusión ese repentino cambio de aires. María se sintió extraña, pero como era una extrañeza cálida y agradable se decidió a ir a la playa como le había sugerido el desconocido, que seguramente estaría observando desde alguna de las terrazas. Aún así, aconsejada por su inconsciente criado en la desconfianza, le contó a Alice lo ocurrido y le pidió que le acompañase por si las moscas.
 
 
 
Pasaron los meses y todos los lunes recibía un sobre azul con relato y nota incluida. Poco a poco el desconocido le contaba algo de su vida, pequeños detalles. No sabía gran cosa pero lo suficiente para que su imaginación inventara a partir de un borroso perfil: era inglés, había estudiado Filosofía en su Inglaterra natal y emigrado a Estados Unidos para hacerse cargo de un negocio familiar. Había sido profesor de literatura en un colegio de Connecticut y era obvio que le encantaba.
 
Todos los lunes María acudía a la playa, pero ya no le pedía a Alice que le acompañase. Solía releer el relato mirando las olas, o caminando tranquilamente por la orilla, disfrutando de las imágenes del desconocido que su mente iba inventando.
 
Ya que era Alice a la que le entregaba el sobre todos los lunes por la mañana, había tratado de sonsacarle información al respecto. Alice parecía divertirse sin soltar prenda, solo le decía que era una persona "linda a su manera" pero no había forma de que concretase más.
 
-Toma nena -Alice le entregaba la carta del día- hoy el señorito ha optado por cambiar el color del sobre. Ya me dirás si significa algo.
-Gracias Alice, aunque no sé si te las mereces...si tú estuvieras en mi lugar sería buena amiga y te contaría con pelos y señales todo lo que supiera. ¿Qué edad le echas? ¿Es guapo?
-Lindo a su manera, si te digo más no tiene gracia.
 
El sobre era idéntico a los anteriores salvo por el verde brillante que lo teñía. En el espacio para el remite habían garabateado una bicicleta. Las manos de María temblaron un poco, su intuición tendía a pensar como Alice: aquel cambio tenía significado.
 
 
Buenos días princesa:
Que poco original soy, ya no solo copio relatos sino también películas.
Hace frío y la gente de este pueblo no se da cuenta de que ya es primavera, pero tú tienes la suerte de tenerme a mí para avisarte.
Esta vez quiero que me conozcas, para ello olvidemonos de playas. ¿Que te sugiere el cambio de look del sobre? Te espero a las 12 en el parquecito de Correos. ¿Celebramos ahí la primavera?
 
 
Solo quedaban quince minutos. Con las prisas y los nervios se olvidó de contarle nada a Alice, ni siquiera se despidió. Llegaba tarde. ¿Porqué le había citado tan pronto? Ni siquiera le había dado tiempo a reaccionar. Quizá formara parte de su plan. Se calmó un poco: llegaba dentro de los diez minutos de cortesia y después de todo lo que había hecho por conocerla, seguramente esperaría todo lo que hiciese falta. Le faltaba el aliento pero ya conseguía ver el parque a lo lejos. Solo había una persona. Estaba sentada en el banco, junto a un sombrero, una bicicleta y un libro de W.Milles. Vuelco al corazón. Era una persona linda a su manera.
 
-Buenos días princesa -saludó Alice con la mejor de sus sonrisas.
 

 
March 20

10.Homenaje a una letra

 
 
Lo siento cuentacuentos...este relato ya lo habreis leido...pero como chica hiperactiva que soy y debido a ciertos lios imprevistos de esta semana no me ha dado tiempo a escribir nada. Lo sé, era mi propuesta y hubiera estado bien hacerlo, me da mucha rabia. No prometo nada pero quiza lo haga, aunque con retraso. Os dejo con la que escribir hace un tiempo y me dió la idea. "Vesotes" mis valientes vecinos de foro!!!
 

Homenaje a una letra ...¿Con be o con uve?*

 

Siempre has sido la gran olvidada. Nadie duda de las ventajas de pasar tan fácilmente desapercibida, de vivir tras la sombra de una alta y panzuda hermana gemela, al menos en cuanto a ADN fonético se refiere; pero, por muy bien que te tomes no ser la predilecta, reconoce que aunque te dé tranquilidad, muchas veces también te frustra. ¿Cómo te sientes cuando en sus libros de caligrafía muchos niños no saben que hacer contigo, en que palabras colocarte o incluso te cogen manía? ¿No estás harta de ser la primera en el ranking de las faltas de ortografía? ¿Y qué me dices de la típica y envenenada pregunta, esa que todo escolar pronuncia al menos una vez por semana?*

  No estarás acostumbrada a los piropos, que se suelen llevar tus compañeras alfabéticas (la ese y su suavidad, la erre y su contundencia, la eñe y su peculiaridad) pero me gustan las palabras que formas(invierno, nieve, valor, viernes, vida, viento, vela) ¿dónde estarían las vacaciones de Navidad sin ti?También tu silueta; pareces una gaviota que vuela al viento sin preocuparse de lo que abajo , esos puntos chiquititos, opinen de ella.

  Un abrazo para todas mis uves.

 

March 08

9.Próxima parada...

Próxima parada...

 

La última imagen que quedó plasmada en su retina fue la de su asesino. Pero eso ya no tenía la menor importancia, según le había asegurado el lúgubre personaje encargado de la taquilla.

  El silencio era tan permanente como molesto; la ausencia de cualquier sonido ambiental y el mutismo de sus compañeros de fila era tal que causaba un extraño mareo. Sus oidos no podian soportar tal inactividad. Al igual que ocurre cuando el ruido es extremo, aquel silencio estaba poniendo en jaque su cordura.

  Silencio. Silencio.SILENCIO. Victor Willow se sorprendió al comprobar que sus zapatos, italianos, que antes resonaban a cada paso de su vida de triunfador, no producian el más minimo sonido al rozar con el suelo. Dio una palmada. Nada. NADA. ¿Estaba sordo? ¡Era imposible! El disparo habia ido directo al corazón, eso lo recordaba perfectamente, su sordera no podia haber sido causada por la bala.

Confuso, intentó pronunciar un timido “Perdone caballero” a la gris figura que le precedía en la fila. Nada. De sus labios no salia ningun sonido. Probó entonces dandole un golpecito en la espalda, para llamar su atención...Otro más. Con más fuerza...¡¿Aquel hombre le estaba ignorando?!

  -No se moleste –una voz con tonos simétricos y monótonos rompió el desesperante silencio- está muerto. Todos aquí están muertos. No puede oirle. Ni siquiera sabe donde esta. No sabe ni siente nada. Es como un monigote, ya no tiene alma.Un cuerpo que se mueve. Si no me creé, mirele a los ojos...

  Con dos zancadas rápidas adelantó  a aquel extraño ser, y cual fue su horror al comprobar que...¡tenia lo ojos completamente blancos! Ninguna expresión. Muerto.

  No pudo evitar hacer la dichosa pregunta...

  -Recuerdo un disparo, en el corazón...¿yo también estoy muerto? ¡No! ¡no puede ser! Yo no soy como esto...todavia me siento vivo, ¡estoy vivo!

-No sabria que contestarte –ahora se daba cuenta, aquel hombre era el mismo que le habia dado el billete de tren, el hombre de la taquilla- no entiendo mucho de estas cosas. Yo solo cumplo con mi trabajo. En teoria si lo está, pero tiene razón...está usted extrañamente vivo...Tiene luz en la mirada...y lo más sorprendente: es capaz de hablar, de pensar...se podría decir que sí, que sigue vivo. Pero entonces no sé que hace usted aquí. ¿Ve toda aquella gente? Esta muerta. Son como muebles. Podria decirles cualquier cosa, tirarles del pelo, empujarles...nada, no se inmutarian. Eso si: andan, esa facultad no la han perdido. Andan hacia el terraplen, en procesión. Una procesión de muertos. Se dirigen al ferrocarril.

  -¿Qué ferrocarril?

-¿Qué ferrocarril?¿Qué ferrocarril? ¡Que ferrocarril va a ser! Pues el único que hay –el hombre empezaba a molestarse por tanta pregunta, acostumbrado al silencio sin vida del resto de los usuarios de la estación.

  Escalofrio.

  -¿Ha sentido usted eso? Un escalofrio...un terrible escalofrio...

-Si, a veces sucede. Es un aviso. El proximo tren esta apunto de salir...Asi que dese prisa.

-Pero...¿a dónde va el ferrocarril?

-No deberia hacerme estas preguntas. Solo con pensar la respuesta se me hiela el alma. ¡Qué lástima! ¡No me mire asi! Con esos ojos tan...vivos. Yo vivo con la muerte, no estoy acostumbrado a otra cosa. Y tu vida me está taladrando.

-Pero...pero...¿a dónde va ese tren?

-Va...va...¡no va! Ese tren no va a ninguna parte.  Ese tren...es...es el tren de la muerte. Da vueltas infinitamente sin llegar jamas a ningun sitio.

-Pero...pero...¿no me ve? ¿no me oye? ¡Yo no estoy muerto! ¡No soy un pelele! ¡No quiero ir con ellos! –Victor no puedo aguantar y rompió a llorar...

-Lo siento, es su destino. Es usted un muerto extraño pero lo es y todo muerto debe entrar en ese tren. Es mi trabajo...no puede quedarse aquí.

  A pesar del horrible llanto, el hombre de la taquilla le obligó a subir al tren. Victor notaba como su corazón dejaba poco a poco de latir, se estaba convirtiendo en un monigote...Se estaba quedando sin vida...El resto, los monigotes, le estaban contagiando. No tenia fuerzas para negarse a entrar al tren, el hombre de la taquilla no encontró ningun tipo de resistencia. En cuanto se quiso dar cuenta ya estaba sentado junto a  tres monigotes más. Victor era ya un semi-monigote. Con la poca voluntad y consciencia que le quedaban consiguió dirigir su mirada al reflejo de la ventanilla. Su mirada se estaba volviendo blanca. Victor estaba muriendo.

  -¿Cómo se encuentra doctor?

  Victor tenia sueño, su energia se iba, se perdía como un suspiro y ya no le chocaba la presencia de aquellos seres muertos e inexpresivos. Pronto sería uno de ellos. Pi pi pi pi...Algo resonaba en sus oidos...Pi pi pi pi...Quería dormir pero aquel sonido no le dejaba....Pi pi pi pi...

  -Me temo que muy grave, señora. Su hijo Victor ha perdido mucha sangre. Afortunadamente hemos conseguido estraerle la bala, que no había llegado a tocar el corazón pero por escasos milimetros. En estos momentos está en observación. No le puedo decir más, Señora Willow, pero estamos haciendo todo lo posible. En cuanto tenga nuevas noticias no dude en que será la primera en ser informada.

  Alguien gritaba por megafonia...

  -¡Paren el tren!¡Paren el dichoso tren!¡Ha habido una grave confusión! ¡Victor Willow no está muerto!¡Paren el tren! ¡Han venido a buscarlo!

  Era el hombre de la taquilla...

...

  -Enhorabuena hijo –el doctor Harries, un hombre entrado en años de bata y sonrisa blancas, le daba la bienvenida- has vuelto al tren de la vida.                                                                                                                                                

 

 

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March 05

8.Noria

 

Noria

 

Apenas dos días después de mi cumpleaños, él me dejó  aquella nota sobre el pomo de la puerta. Durante varias semanas la ignoré completamente. Debo reconocer que sentía un miedo asfixiante cada vez que mi mirada se cruzaba con aquel sobre granate. Tardé cinco días en acercarme a él, otros cinco en observarlo con más detalle y tres más en atreverme  a tocarlo. A los quince días lo lleve a mi habitación y lo coloqué junto a todos los objetos personales que se había ido dejando olvidados. Mi hermano ya no estaba por lo que ya no tenía ningún sentido que siguieran aquí, en casa. Al recordar esto me derrumbé y me eché a llorar.

  Javier y Carlos siempre habían sido amigos. Siempre. Cuando yo nací ya lo eran. No consigo recordar ningún cumpleaños, navidad o fecha señalada en la que Carlos no estuviera en casa. Se había convertido, más allá del amigo inseparable de mi hermano Javier, en una especie de primo. Lo considerabamos de la familia y mi madre siempre lo trató como a un tercer hijo.

  De pequeños mi hermano no me dejaba acercarme a Carlos, supongo que no quería compartir a su amigo con una niña tan pequeña, cursi y llorona como lo era yo por aquel entonces. A veces los niños creen que sus amigos son de su propiedad y no dudan en luchar por su exclusividad frente a cualquier competidor. Nada de compartir. Algo semejante le ocurría mi hermano.  A Javier le molestaba muchísimo que el rival viviera en su mismo techo,  que fuera nada más y nada menos que su propia hermana, la frágil muñequita de trenzas rubias y ojos azules que jugaba a las cocinitas  y no cazaba pájaros, jugaba a indios y vaqueros o se peleaba en el barro.

  A medida que pasaron los años, estos sentimientos infantiles, simples ravietas sin demasiada importancia, fueron  convirtiendose en verdaderos y ardientes celos. La adolescencia congeló nuesta relación. Nunca he llegado a comprender a mi hermano, tan frío...yo si le apreciaba pero terminé por tirar la toalla ante tanta muestra de desprecio. Estaba claro que él no me quería. Y a esto había que añadir lo inevitable: la mala suerte quisó que me enamorara de Carlos. El triángulo Javier-Carlos-Lucía se convirtió en una auténtica batalla. Carlos y yo eramos bastante flexibles a los cabreos y reproches de mi hermano pero él nunca dio su brazo a torcer. Jamás cedió un ápice. Javier era en el fondo una buena persona pero con un grave, incurable añadiría ahora, problema de soberbia, afán de protagonismo y tozudez. La amistad de los dos chicos comenzó a tener altibajos que siempre se acababan por superarse. Por aquel entonces mi egocéntrico hermano, se enamoró pérdidamente de Amelia, una chica que no le hacía el más minimo caso. Pero ya os he comentado de pasada la cabezonería de Javier. Daba igual cuantas veces le rechazarán, él seguía insistiendo con más entusiasmo si cabe.

  La suerte o lo que fuese quisó que Javier consiguiese plaza en una universidad alemana. En el fondo sé que lo hizo en un acto desesperado por conseguir a Amelia que también había conseguido plaza en la misma facultad.

Nunca llegué a salir con Carlos pero la ausencia de mi hermano nos unió muchísimo y no pude evitar enamorarme del todo. Nunca me atreví a confesarselo. Y, teniendo en cuenta el gran giro que pronto devoraría nuestras vidas, sé que es y será mejor así.

  La relación con mi hermano era practicamente nula, se limitaba a obligados “buenos días”, pese a mi insistencia por cambiar esta descorazonadora situación. Nunca supe a ciencia cierta que es lo que tuvo Javier contra mí, me niego a creer que solo fueran celos infantiles. Pero nunca lo sabre.

  Gracias a Carlos me enteré de que mi hermano había conseguido por fin su ansiado deseo: había comenzado a salir con Amelia. Principio del desastre. Duraron dos meses. Amelia, una chica de carácter caprichoso y perfecto ejemplo de niña de papá, cortó con mi hermano. Javier sospechó que había otro. Nunca entendí porque mi hermano podía amar con tal persistencia a un ser tan egoista y carente de sentimientos. Carlos me lo había contado mil veces, y tras sus palabras supe descubrir verdadero amor: me consuela saber que al menos mi hermano había querido a alguien, aparte de a Carlos. Pero esa bruja no se merecia esos sentientos. Cuando Javier se suicidó ella ni siquiera se dignó a acudir al funeral.

  Era increible que un simple sobre produjera tanta inquietud. Mi hermano llegaba ya un mes ausente y a pesar de nuestra gelida relación le echaba de menos. El sobre tenía que ver con su muerte y no me sentía con fuerzas para abrirlo. Pero los días iban pasando y llevaba una buena temporada encerrada en casa con la única compañía del sobre. Mi mano temblorosa comenzó a rasgar...

  Perdonale. Era débil. La vida da vueltas indeseables, como una noria aleatoria que sube y baja, y a veces se para en una de esas posiciones, dejando a sus ocupantes desprotegidos. La noria se ha parado abajo. Si le damos un empujoncito puede que vuelva a subir, y que se pare ahi. Eso es lo que pretendo. No puedo esconderlo más: todo el amor que tu hermano te negó quiero ahora dartelo yo. Espero que lo aceptes y que aún no sea demasiado tarde. ¿Quieres que intentemos subir a lo alto de la noria? Te quiero Lucía.

 

Carlos.
 

March 04

7.Tiempo

Tiempo

 

Cádiz, febrero 1998.

 

  Querida Sofía:

  El reto de la semana era mantener el equilibrio. Es lo que una serena Mariana León, doctora Jekyll León, me hubiera aconsejado. Yo quería hacer caso, de verdad, pero…Da igual, ya no sé ni expresarme con propiedad y eso que siempre he tenido fama de hacerlo. Empiezo de nuevo, pero sin tachaduras, que como tú solías repetirme, no es más que una absurda tentación.

  Como ya bien sabes, tengo una espinita clavada y no encuentro pinzas para sacarla. Ni siquiera sabía a ciencia cierta qué o quién era la espinita. Pero cuando me metí en la cama creo que ya no me importaba. Me quedé mirando, no me acuerdo si fijamente, el horrible cuadro del iceberg hasta que mis párpados empezaron a pestañear con un aire rebelde, como queriendo impedir que siguiera volviéndome loca. Una loca débil que ya no comete locuras.

  ¿Del comienzo? No me acuerdo del todo. No importa, muchas veces los comienzos no son lo importante. Desperté y allí estaba: un niño rubio, me pareció que con cara de lobo rubio, de no más de ocho años. Se había sentado a estilo moro sobre la moqueta, justo enfrente de mí. Y me miraba. Y no era una mirada fácil de describir, Sofía. Era como si en vez de ojos, ese niño, que ya no lo parecía tanto, tuviera otra cosa. Algo que me estaba analizando, como un escáner. Se puso de pie y cuando lo hizo ya no parecía tener ocho años. Ahora era un adolescente que se acercaba a mí con una mueca curiosa. Conocía esa cara, pero todavía no sabía de qué. 

  Estoy segura de que notó mi inseguridad, quizá ya lo había notado antes cuando me observaba sentado. Los niños son más listos que el hambre o ya puestos, que las ganas de comer, Sofía. Aunque te repito que éste…ya no lo era. Que extraño. Me fijé en sus manos, delgadas pero fuertes con largos dedos de pianista. Esas manos…¿estaban creciendo por momentos?¡Sí! ¡Y con ellas su dueño!

  A una distancia de apenas medio metro tenía ya a un joven de unos veinte años. De repente, me quedé sin respiración. Cerré los ojos, los volví a abrir. No podía ser. Simplemente, no podía ser. Debía ser la puta medicación.  Pero era totalmente cierto, ahí estaba: Eduardo. ¿Cómo me había encontrado? Sólo tú sabes que estoy en este hotel. Además...lo extraño es que Eduardo había aparecido siendo un niño, un niño rubio que se fue transformando en el joven que ahora tenía delante. Un sueño, debía ser un sueño. Sin embargo, era tan real, Sofía. Pestañeé y me encontré con una de sus manos como flotando, expectante a que yo reaccionara. La mano tenía paciencia y se mantenía inalterable, tendida en el aire a la espera de mi respuesta. Tampoco su mirada parecía tener prisa. Y como no tenía otra cosa que hacer decidí seguirle el juego.

  -Bien hecho, Mariana –me susurró-. Sabía que necesitabas que alguien viniera a buscarte y por eso estoy aquí.

  Como no le contesté, siguió con su explicación.

  -¿Te apetece dar un paseo? Da igual, te apetezca o no, vas a venir conmigo. Hace rato he estado en la playa y la brisa era muy agradable, aunque a veces se convertía en viento, tan fuerte y típico de por aquí. No soporto el viento, no me deja moverme a mis anchas…A ti si que te gusta. Te encanta que te alborote el pelo. “Acaríciate con el aire, está lleno de ángeles” te dijeron una vez. Y tú lo sigues a rajatabla. ¿Te  acuerdas?

  Sí, Sofía, me lo dijeron una vez. Me lo dijo Eduardo.

-Cuidado con el escalón –me avisaba un hombre con barba de un rubio ya no tan brillante como el del niño que se presentó en la habitación del hotel, pero que conservaba ciertos destellos color trigo, quizá efecto del sol, y esa cara de lobo burlón- ya estás bastante rota por dentro como para añadirte otro descosido. Ya estamos. Supongo que será mejor que sigamos caminando.

  Me miré los pies. Estaba descalza pero no recordaba haberme quitado las botas. ¿Qué más daba? Cada vez me sentía más a gusto. Él siguió hablando así que dejé de observarme buscando diferencias.

  -Mariana, no sé sí sabes... bueno, la razón por la que estoy aquí... contigo –prosiguió-. No sé lo que pasó pero... cuando decidiste venirte aquí y abandonar Madrid, lo nuestro y todo lo demás,  me derrumbé. No sabía dónde buscarte. Llamé a tu casa, tus padres no quisieron decirme nada. Hablé con tu amiga Sofía y ella simplemente me dijo que necesitabas un respiro –está vez la voz sonaba diferente, mucho más grave. De  repente, le habían aparecido unas gafas como de la nada, un poco de tripa y unas cuantas canas. Sacó algo de un bolsillo, lo miró y lo volvió a guardar. Creo que era un reloj.

  -No puedo estar contigo todo lo que me gustaría. Así que, aunque me cueste, intentaré ir al grano. Parezco Eduardo, pero no lo soy. A veces digo cosas parecidas a las que diría Eduardo, en cierta medida soy él, más bien soy el Eduardo de tu recuerdo y todo lo que te he dicho antes refleja perfectamente lo que él siente en estos momentos, te echa de menos. Sólo soy un sueño, pero un sueño que pretende abrirte los ojos. El tiempo, aunque estés convencida de lo contrario, no es tu enemigo ni está deseando clavarte nada por la espalda -su voz estaba perdiendo energía, su mano ya no me agarraba tan fuerte y en la otra, la derecha, había aparecido un bastón–.  

  No te das cuenta pero con tanta meditación solo estás añadiendo metros y metros de angustia al gran montón que habías logrado juntar. Y ya sabes lo que dicen, cuando más larga es la soga más probable es que se te enrolle alrededor del cuello. Seguiré hablándote como si fuera Eduardo.  Sé que lo estás pasando mal, Mariana y comprendo que quieras darte un tiempo, pero no me hagas sufrir más. Yo te puedo hacer feliz  -acompañó estas palabras con una sonrisa cómplice, se había convertido en un anciano. Eduardo era un anciano y si el Eduardo de mi recuerdo, de aquel sueño, seguía pasando de una edad a otra (infancia, adolescencia, edad adulta y vejez) a la misma velocidad, pronto moriría. Menuda metáfora. ¿Mi amor por él  estaba muerto? Al fin había descubierto la espinita.

  Algo me distrajo y mi mirada se despistó por un segundo. Cuando decidí volver a mirar, él ya no estaba en la playa. Tardé en darme cuenta que yo tampoco. Volvía a estar frente al iceberg, que ahora parecía haberse derretido, envuelta en unas sábanas color pistacho. Alargué la mano hacía la mesilla, dejando atrás lo que antes me lo había impedido, descolgué el teléfono y marqué su numero.

-Eduardo...
 

 

Historia para el concurso Cuentacuentos de "San Valentín"

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February 23

6.Nada de nada

Nada de nada

Continuación de “Al cerrar los ojos, despertó”

  El silencio de la noche fue su aliado. Para escapar Ellis tenía que pasar desapercibido, cualquiera podría descubrirle. Antes de dar el gran paso, se concentró procurando mimetizarse con la niebla (los sueños son muy moldeables, tienen esa gran capacidad); cerró los ojos.

  Al principio nada parecia haber cambiado  pero al cabo de un rato notó un fuerte dolor de cabeza y un sabor amargo en la garganta, causado probablemente por algun cambio químico en su cuerpo. El silencio y la oscuridad del bosque se convirtieron en lo opuesto: luz, mucha luz y sonidos que Ellis tardó en reconocer. El verde del bosque se mantenía en las paredes de aquella habitación. Un momento...

  La espuma  del mar, un grano de sal o de arena

Una hebra de pelo, una mano sin dueño

Un instante de miedo, una nota perdida

Una palabra vacía en un poema

Una luz de mañana, así de pequeña soy yo

Nada de nada

  Nada de ti, nada de mi

Una brisa sin aire soy yo

Nada de nadie

Nada de ti, nada de mi

Una brisa sin aire soy yo

Nada de nadie

  Un momento...Aquella chica... Aquella canción...

  Un copo de nieve, una lluvia que llueve

Un pensamiento, un abismo entreabierto

Una palabra callada , un lo siento

Un paso sin huella

Soy un camino que no tiene destino

Una estrella apagada

Asi de pequeña soy yo nada de nada

  La música había parado: la chica se habría cansado de ella. Acurrucada en el sofá miraba al vacio. Pelo liso, negro, muy largo, tez blanca... esos ojos...aquel vestido. Sí, no había duda, era ella.

  Yo era muy pequeño. Ella también. Pero algo nos unía. Ocurría de noche. Me pillaba de improviso. Daba igual que estuviera ayudando a mi madre, jugando, durmiendo, siempre ocurría. Todo se paraba. No me acuerdo cuando comencé a escucharla, al principio solo era su voz, pero llego un momento en que también veía lo que me enseñaban sus ojos, lo que ella quería mostrarme, la veía a ella, a su mirada. Era mágico. Cada noche me contaba un secreto, una ilusión, no me conocía pero volcaba toda su confianza en mi sin ningun tipo de pudor. Poco a poco nos ibamos haciendo mayores. La duda, su duda, crecía. Recuerdo la última vez que la ví...y también aquella endiablada música que nos separó. Se despidió cantando.Un  soplo de vida, una verdad que es mentira. Un  sol de invierno, una hora en tu noche. El silencio de adioses, un sin quererlo. Un segundo en tu sueño. Soy un peldaño subiendo tu escalera. Una gota sin agua . Asi de pequeña soy yo. Nada de nada...

  Un día deje de recibir sus improvisadas visitas nocturnas. Supuse que se había hecho mayor del todo y asi era. Es triste pero solo los niños nos visitan. La suerte había querido que nos volviesemos a encontrar y allí la tenía, sentada en el sofá. Había pasado más de una década pero nunca me olvidaré de su mirada. Las ilusiones se van, los sueños se borran con los años, aquella chica ya no me recordaba y probablemente tampoco podía verme. Al fin y al cabo solo soy un espejismo, un sueño. Invisible.

  Ellis se sento junto a ella.

La rodeó con sus brazos y se quedó así hasta dormirse. Ella ni siquiera notaba su presencia.

  Un segundo en tu sueño

Una nota vacía

Una brisa sin aire

Una palabra callada

Nada de nada

 

Sólo los niños...

 

Nota: la canción que aparece en el relato no es otra que “Nada de nada ” de Cecilia , versionada por Amaral en uno de sus discos.

 

Continuará

 

  

 

February 13

5. Las doce en el reloj

Las doce en el reloj

  A las ocho menos cinco se apagaron las luces. De repente, el tiempo no pasaba todo lo rápido que él hubiera esperado. Era una contradicción. Siempre había sido un chico extraordinariamente tranquilo y despreocupado, que observaba la vida como si de una obra teatral se tratara, una obra por que no decirlo, que muchas veces se le hacía ajena e indiferente. Tenía un sueño ojeroso y no dudo en echarse al colchón.

  Antojo del destino o no, Mario se levantó aquel miércoles harto de tanta cotidianidad. Podría haber sido cualquier otro día. Cualquier otro miércoles, sábado o lunes. Pero quizá sea relevante que aquello que comenzaba a agitarse en su interior eligiese esa fecha en concreto para estallar.

  Aquel miércoles no podía ser, en absoluto, etiquetado de especial. Podría haber pasado perfectamente desapercibido. Pero fue entonces cuando las, hasta ese momento conservadoras prioridades de Mario, que siempre habían tendido a lo seguro, que nunca habían arriesgado nada, estaban empezando a virar su rumbo. Quería coger el toro por los cuernos, probar a dejar su vida esparcirse a sus realísimas anchas y elegir la forma que sus deseos le dictasen. Simplemente sentía la necesidad.

  Existian casi infinitas opciones para liberarse de aquella rutina que tanto le pesaba, como un saco de hormigón. Le sobraba imaginación, o eso le habían advertido siempre, para dar con cualquiera lo suficientemente acertada. Sin embargo, tenía claro que elegiría la que le reportara más posibilidades a largo plazo. Para eso era economista, algo tenía que influir. Cuando vió el cartel no lo dudó. ¿Acaso tenía, a estas alturas de la película, algo más que perder?

  Los meses habían pasado sorprendentemente rápido. O esa fue, al menos, la sensación de Mario; a simple vista la apagada expresión de la mayoría de los rostros con los que se encontraba día a día por las calles de la ciudad, tan gris como sus habitantes, no parecían compartir su opinión. El gran día se acercaba...Tanto esfuerzo por fín traía recompensa. Sobre las tablas era una persona diferente. Daba todo lo bueno, pero también lo malo, que conseguía exprimir de sus venas. ¿Cómo reaccionaría el público? ¿Qué más daba? Mario, que aun así no pecaba de narcisismo, actuaba por y para sí mismo. Sonaba bien. Protagonista de “Las doce en el reloj”.

 

Pequeño guiño a mi pasión teatrera. El miércoles vuelvo a las andadas, que han sido dos semanas a dos velas.

Más y mejores historias en www.elcuentacuentos.com

February 08

Retraso cumpleañero

Saludos desde la histeria (causantes: examenes)
 
Sé que llevo dando la "tabarra" con lo de mi fiesta de cumpleaños del día 17 ni se sabe cuanto pero ha surgido un problema y no va a poder ser ese sabado...seguramente retrase la fecha pero todavia no tengo ni idea de cuando. Ya volvere a informar. El caso es que ese día tenemos ...concurso de disfraces...iremos de Estrellas del Rock...(yo ya lo tengo decidido...de Alaska) Besos de esquimal...y bueno,el blog ya no lo toco tanto (bueno salvo para incluir relatos del cuentacuentos...y ultimamente ni eso...que vida más perra...ya solo me quedan 5 días y soy libre de este infierno de los aprobados y los suspensos) porque he encontrado un sustituto....el fotolog....
 

 

He elegido esta foto porque no es de las tipicas jeje

 

No me arrepiento... volvería a hacerlo...son los celos...

¿Cómo pudiste hacerme esto a mi? Yo que te hubiera querido hasta el fin...

Una y no más Santo Tomás...

 

(por cierto la letra no es autobiográfica ni na...

simplemente es una de mis canciones favortas de la gran Olvido)

February 01

4. Augusto

 Augusto

 

Si llueve no veré a la gente desde la ventana, todos con sus paraguas como champiñones de colores. Y eso me pondrá triste, y si estoy triste me empezaré a encontrar mal: primero será una sensación casi imperceptible pero a medida que pase el día, sin una gota de luz, me empezaré a poner de colores raros y volverán esas fastidiosas migrañas que tanto me marchitaron el verano pasado. Y no sólo eso, por si fuera poco Javier no está. No hay nadie en casa. Ni siquiera se oye el telefono porque lo ha desenchufado. Todo el mundo está de vacaciones, o como si lo estuvieran. Maite en Salamanca con unas amigas, las niñas de “Erasmus-Orgasmus” (no me preguntéis lo que es, pero suena muy raro) y Javier...en un congreso en Brasil, disfrutando como un enano en el carnaval. Alli querria estar yo, rodeado de tanto colorido y alegria. La época post-Navidad es un asco, todo se vuelve tan soso...

  Augusto (asi le bautizaron las niñas hace ya una década) está deprimido. De hecho, casi siempre lo está. Es un árbol un poco neurótico. No para de analizarlo todo, y hay que reconocer que más de una vez ha necesitado algún que otro flotador: se ahoga en un vaso de agua. En diciembre todo es diferente. Le llenan de guirnaldas y brillantes bolas de colores, los regalos le hacen cosquillas debajo de sus ramas y todo huele a...roscón de reyes. En Navidad es feliz y se le nota: sus hojas lucen un verde hipnótico. Ahora está mustio. Y por si fuera poco estaba metido en un armario oscuro en el despacho de Javier. Digo estaba porque Augusto es muy espabilado para lo que quiere y siempre que no halla moros en la costa sale a la superficie del hogar de los Moreno. Y allí lo tenemos, con una depre del quince, intentando ver algo por la ventana...enfrascado en sus negativos pensamientos.

  Aquí estoy frente al diván, todo verde, sin un misero adorno. ¡Que digo verde!¡Me estoy poniendo amarillento! ¿Quién va a querer un árbol de Navidad amarillento? ¡Estoy para el arrastre! No me extrañaría nada que para el próximo año los Moreno me sustituyan por uno de esos farsantes de plástico...

  Augusto lo pasa realmente mal. Comprenderle: tiene una personalidad débil. Fue criado en solitario, como parte de un experimento. Nunca ha estado en contacto con otras plantas, por lo menos de su misma especie, y eso tiene que afectarle. Además al vivir la mayoría del año (salvo las Navidades que las pasa pletórico en el salón) en el despacho de Javier Moreno, distinguido psicólogo, es irremediable que los pacientes que cada día sueltan sus penas al aire tumbados en el diván le peguen algo o mucho de sus neurosis...Hablando de psicología...Upps...los pensamientos neuróticos de nuestro arbolito no me dejan seguir con la explicación, en cuanto Augusto decida hacer otra pausa en sus monólogos interiores, continuaré.

 

 

Si al menos tuviera alguien a quien escuchar...pero ni siquiera está enchufado el contestador. Salvo a los Moreno, nunca he tenido compañía que mereciese la pena. Los pececillos de colores se olvidaban de mi cada treinta segundos (memoria de pez) y encima se fueron pronto al otro barrio. Florence, esa rosa francesa que trajeron una vez, era completamente insoportable y cursi...¿de verdad pensaba aquella maruja que me importaba su precioso cutis, sus maravillosas espinas esmaltadas o los delfiles de moda de Paris de la France? Luego...estuvo aquella araña, iba a lo suyo y ni siquiera se dignó a dejar de tejer para mirarme. También duró poco, la corrieron a escobazos. Y la gata de Maite no hacía más que marearme con esos repetitivos maullidos, a parte de dejar ese insufrible olor.

  Si, él es siempreeee asi. No brilla por su positividad. Os estaba contando lo del los origenes de Augusto. A Javier le encanta la biologia además de sus idolatrados asuntos psicológicos. Hace diez años se reunió con unos colegas biólogos para intentar crear un árbol de Navidad INMORTAL. Si, suena raro, lo sé. Pero la familia Moreno siempre ha sido muy tradicional y a Javier no le pareció mala idea probar sus numerosos conocimientos de biología y botánica en una tarea como ésta. A sus hijas, por entonces en edad de ilusionarse con este tipo de cosas, les gustaría la idea de tener un árbol de verdad para todas las navidades. Tras arduos esfuerzos nació una ramita que poco a poco se fue convirtiendo en Augusto. Salvo sus frecuentes malestares causados principalmente por su carácter depresivo (lo que está comentando él de las hojas amarillentas) Augusto goza de una salud de hierro. Y está pensado que sea así siempre, Augusto no está programado para morir. Por supuesto él no tiene ni idea de tal ventaja biológica y está convencido de que pronto le sustituiran por un árbol de plástico.

  Y encima huelo a jamón. Este olor no se me quita. Maldita la hora en que dedidí hacer una excursión a la cocina. ¿Pero qué quieres? Llevo toda mi vida en esta casa y no conozco más que este gris despacho y el maravilloso salón (como se puede comprobar Augusto tiene totalmente idealizada esta habitación...ya que es allí donde pasa la mejores épocas de su existencia...si supiera lo gris que es en realidad el resto del año, que no siempre está decorada con guirnaldas y tarjetas de Navidad...) Durante mi exploración una de las niñas (era tarde además, serían las cuatro de la mañana, ganas de jorobarme...) entró y no tuvé otra alternativa que meterme detrás de la puerta donde tenian colgada una pata de jamón. Menos mal que la niña iba totalmente adormilada. Pero el olor a ibérico no se me va de las ramas...Eau de cerdo...

  No sé que contaros más. Augusto se pasa once meses a caballo entre un armario oscuro eschuchando a pacientes un tanto tarados y sus incursiones en la superficie...Un momento...¿que narices está haciendo ahora? ¡Se ha puesto a andar hacia la puerta! ¡Augusto no suele comportarse así! ¡Desde su salida a la cocina no se mueve del despacho!

  Estoy harto. Me estoy marchitando por momentos. Si los Moreno me ven así de tristón ,soso y amarillento me tirarán al primer basurero con el que se topen. ¡En mi mano está que eso no ocurra! Tengo que hacer memoria...¿dónde guardan mis adornos? ¿y las guirnaldas? Tengo que encontrarlas...

  ¿Le estáis escuchando? ¡Qué orgullosa estoy de nuestro arbolito! ¡Por fin deja de autocompadecerse y pasa a la acción! Aunque esta acción sea un tanto absurda...Como tú y yo sabemos: a Augusto nunca le tirarán, por muy feo que se ponga...Es una especie única, el primer árbol de Navidad inmortal de la historia, todo un especimen digno del mayor cuidado. Javier, su orgulloso dueño, lo tiene en un pedestal, nunca se desharía de él. Pero, claro, eso Augusto no lo sabe.

  Mierda...¿donde tienen en esta casa lo verdaderamente importante...?Mucho libro, mucho cojín, lamparás y objetos varios por todas partes...pero ¿dónde esconderán lo que busco? En fin, tendré que arreglarmelas de otra forma...

 

 

 Quince días más tarde los Moreno llegan todos juntos a casa (es una familia responsable que decide volver a la par de sus vacaciones o experiencias varias). Quizá lo que os voy a contar os suene ya de algo: es una leyenda urbana muy famosa. En el medio del salón, verde y completamente eufórico, se encuentran a Augusto, nuestro peculiar arbol de Navidad, envuelto en papel higiénico de los de colores (hay que reconocerlo, los Moreno eran un poco pijos XD) y con una enorme estrella de papel de plata -hecha por el mismo- en lo alto de su última rama. Poco le duro la alegria a Augusto y a su artificial y extrambótico decorado, los Moreno no dudaron en llamar a la policia sospechando que se trataba de una broma un tanto absurda de algun chiflado (podria tratarse de un paciente descontento.... Augusto paso una buena temporada en un cuartito de la comisaria del barrio como prueba principal de un extravagante allanamiento de morada.   

 

Para quien quiera comentar y no pueda (debido a los numerosos fallos de este mi blog...) puede hacerlo aqui: www.fotolog.com/kloverkirov

 

January 22

3.Al cerrar los ojos despertó

 
 

Al cerrar los ojos despertó

 Al cerrar los ojos despertó. Los carteles desperdigados a lo largo y ancho de su antigua ciudad le habían aconsejado lo contrario. Todo, absolutamente todo, sugeria que había cometido un gran error. Pero ya no había vuelta atrás. Había despertado y no desaprovecharía la oportunidad.

 Allí estaba. Solo. Ni rastro de su antigua cilivilización. ¿Dónde narices estaba? Había estudiado mucho -su abuelo era un gran coleccionista de libros y Ellis había tenido acceso a ellos-; conocía al dedillo casi la totalidad de la historia de la humanidad...desde sus origenes hasta... finales del siglo XIX aproximadamente. Pero no sabía donde estaba.El último libro de la biblioteca familiar no era otro que La guerra de los mundos de H.G.Wells. Su abuelo, del que había heredado su fascinación hacía lo humano, le explico con aire triste que ya no existian sueños lo suficientemente valientes como para traspasar la frontera.

 Ellis tenía miedo. Cualquier visita a la Tierra se tildaba de locura y se rumoreaba que los humanos se habían convertido en crueles criaturas que aniquilaban hasta el más inocente de los sueños. Ellis procedía de una familia muy respetada. La República reconocía tres grandes clanes (además de los innumerables híbridos): los sueños felices (fantásticos, graciosos, eróticos...), los neutros (viajes al pasado, sueños absurdos...) y las indeseables pesadillas. La familia de Ellis estaba formada integramente por sueños felices. Su apellido, Ilusiones Futuras, era uno de los más respetados de la comunidad.

 La enemistad de la ciudad y de sus habitantes (sueños de todos los colores y sabores*) hacia los seres humanos se había desarrollado en un período muy corto de tiempo. Durante la totalidad de los siglos anteriores, la relación de los sueños con las personas siempre había gozado de buena salud , a pesar de roces puntuales. Pero la entrada de la humanidad en el revolucionario siglo XX hirió profundamente el alma de la mayoría de los sueños. Fue un siglo trágico para casi todos ellos (con excepción de las pesadillas; que ni siquiera estaban del todo a gusto debido a la fuerte rivalidad con las desgracias reales).Pocos se cumplían. La barbarie y sinrazón empujó a la República a romper cualquier lazo de amistad con los humanos. Los sueños ya no podían fiarse de ellos.

 A lo largo de la historia habían ayudado a las personas a cumplir sus mas anheladas ilusiones, a mantener emociones que la realidad les negaba. Pero la gente ya no creía en ellos,incluso les depreciaban tachándolos de falsas ilusiones que no hacían más que atontarles e incapacitarles para la vida real. El siglo XX se había convertido en una maraña de gente gris, malvada, donde el dinero y la rivalidad eran los dioses. Y su heredero, el recién nacido siglo XXI, parecía muy dispuesto a seguir sus pasos. Se había borrado cualquier esperanza y cualquier sueño que desoyera los consejos de sus superiores se exponía a considerables peligros (la ciudad estaba plagada, como ya os he contado antes, de carteles que pregonaban Cualquier intromisión en el mundo humano tendrá horribles consecuencias, Por su propia seguridad no traspase la frontera o un simple y contundente NO cierre los ojos). La estrategia de la República era disuadir  pero NUNCA prohibía, los sueños se basaban en la libertad. Por eso a Ellis le había resultado tan fácil escapar.

 ¿Cómo se desenvolvería Ellis tras cerrar los ojos  –mecanismo para traspasar la frontera-? ¿Sería cierto lo que anunciaba la República?¿Los sueños no tenían cabida en el siglo XX? ¿Y en el XXI?

 

 

 Continuará

 

*Nota: no me ha parecido mala idea incluir un pequeño guiño a Niobe, ¡espero que te halla hecho ilusión! Besos de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

 
Si por casualidad no podeis dejar comentario aqui utilizad el fotolog (ya me ha dicho mucha gente que no puede comentar...): http://www.fotolog.com/kloverkirov/
January 16

Con Ceac a las cruzadas

 

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January 14

3.La imaginación tiene la cabeza llena de pájaros

 

La imaginación

tiene la cabeza llena de pájaros

 Relato dedicado al Señor de las Historias

 Como el Señor de las Historias no es un señor, tendreis que dirigir vuestra investigación cuentacuentil hacía otros derroteros. Yo lo descubrí hace unos meses y tengo que admitir que  me costo más insonmios de los que hubiese imaginado. Tuve que empezar de cero, hasta que logré hablar con Isabel Sanfeliu, una de las profesoras del colegio      “Antoine de Saint-Exupéry”. Sólo tenía un dato: el “Señor de las Historias” (que como ya os he dicho...de señor no tenía ni la ese...) se llamaba Mark y no medía más de 1,15 metros. Me lo soplo un pajarito, no me pregunteis cual (pudo ser un tucán,un albatros, un gorrión o incluso un pelícano...) porque me pondríais en un compromiso. Tengo cierto reparo a ayudaros:soy muy orgulloso y me cuesta dar tan a la ligera una información tan valiosa (creedme, en cualquier periódico londinense pagarían miles de libras por el soplo) y que me costó tanto esfuerzo conseguir, pero siento tal debilidad por vosotros, queridos cuentacuentos...Al final vuestra encantadora habilidad (me teneis enganchado a vuestras historias, sois mi cafeina) acabara por debilitar mi enorme pero débil cabezoneria. Me lo habeis pedido tantas veces...De acuerdo, os contaré el secreto pero con una condición: ¡cremallera!

 

 “Mark se levanta todos los días, sin excepción, a las ocho de la mañana. Normalmente después de darle el desayuno y vestirlo, lo llevan –de la mano, por supuesto- al centro Antoine de Saint-Exupéry. Pocas veces pone inconveniente en decir adios y despedirse hasta la hora de la comida, le encanta estar con el resto: es muy sociable. Las horas se le pasan volando, entre plastilina, pilla-pillas y cuentos...muchos cuentos. La seño está muy contenta con él, dice que es un niño muy bueno, aunque un poco trasto, con una imaginación de oro. En eso tiene razón la señorita Sanfeliu, a Mark se le iluminan los ojos cuando cuenta, con todo lujo de detalles, las historias que su joven cabecita inventa todos los días.Es increíble la imaginación y el talento que, con sólo cinco añitos, tiene el pequeño Mark. En casa le apodan “el principito”. Ya no solo por su carácter soñador y por la encantadora y dulce inocencia que le caracteriza; Mark es clavadito al pequeño principe...al verle es dificil no confundir sus rasgos (elegante y delgada figura, pelo rubio como el trigo, acariciado por el viento) con los del personaje del escritor francés.

 

 

La profesora me lo confesó:su hermano mayor tiene una página llamada “El cuentacuentos” donde os reunis todos vosotros, almas chorreantes de relatos. Acostumbra a decir que, aunque él sea quien lo dirija, en realidad es la esencia y fantasia de su hermano pequeño Mark, el principito, quien sustenta toda esa magia. Por eso os aseguro que, aunque fisicamente sea una persona adulta, el Señor de las historias no es un señor... es un niño de preescolar, con alma de principito. De hecho, todos vosotros la teneis. Para ser cuentacuentos es lo único indispensable: seguir siendo “principitos”. Suerte en vuestros planetas, con vuestros baobas y con todo aquello por lo que sintais cariño (zorros domesticados, rosas...)

 

 Estoy segura que la gran mayoria habreis leido el libro pero sino...¿a qué estáis esperando? Un besote!!!Os dejo con unas cuantas citas:

 

Referencia a la rosa del principito: "es tan débil y tan inocente! Y sólo tiene cuatro espinas para defenderse contra todo el mundo..."

 Así es como recordara el aviador la risa del principito: Me gusta escuchar a las estrellas por la noche, que suenan como quinientos millones de cascabeles..."

January 12

Estan locos estos romanos...

 
 

 

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January 10

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